Junio empezó muchas veces. Empezó el primer día de mi nuevo trabajo, cuando en vez de ir a una oficina fui a conocer dos talleres de artistas y una galería. Empezó cuando firmé el contrato de mi nueva casa. Aunque, si lo pienso mejor, empezó cuando me mudé. Me mudé y descubrí que una casa está hecha de un montón de cosas en las que nunca había pensado. No es mi primera mudanza, pero la sorpresa llegó como si lo fuera. No de los muebles grandes. De decidir dónde van las llaves. De tener papel film. De encontrarle un lugar a la cinta scotch. También empezó cuando entendí que, por lo menos durante este mes, mis prioridades iban a ser otras.
Junio empezó con más horas de trabajo. Empezó cuando me hice monotributista. Cuando conocí a un vecino nuevo. Cuando fui a Saldías y terminé cantando Calamaro durante una hora con gente que acababa de conocer. Empezó con el Mundial. Con el cumpleaños de dos de mis mejores amigas. Con una vimos jugar a Argentina; con la otra nos fuimos un fin de semana a Mercedes. Empezó cuando llegó el Día del Padre. Cuando mi hermano terminó la facultad. Cuando empecé a tomar pastillas anticonceptivas.
Junio también empezó en mi curso de escritura. Después de meses dando vueltas, encontré mi tema. Y empecé a escribir un texto sobre mi nombre. Me llamo Josefina. Empieza con J. Como junio. Como jirafa. Como Jordania. Como los jueves. Como los jazmines y los jacarandas.
Junio volvió a empezar cuando un chico encontró un libro de Borges en la basura. Me miró y me preguntó si lo quería. Le dije que sí.
Gracias por leerme. Ténganse paciencia, sigan alentando por nuestro hermoso país. Los amo, Jo

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