¿Cómo era que hacíamos para arrancar el día?, dice Clara Muschietti en Vida normal. No sé. Abril arrancó igual.
Abril es una de mis mejores amigas y también este mes que ya se está terminando. Me mandó un libro desde Madrid porque un cuento la hizo acordar a mí: La amiga que hizo un jardín donde había un par de plantas casi muertas. Con abril también llegó el otoño. Llegó el frío.
Empezó en Mendoza: mis amigas, las montañas, y mucho vino. Mucho. Nos quedamos en la casa de mis tías abuelas. Es lindo cuando tus amigas van desbloqueando espacios y cosas de tu vida.
“Goles son amores”, dijo uno en el taller. Me encantó. Fui a la cancha.
Pienso en mi yo chiquita, que aunque inocente y frecuentemente indiscreta, sabía algo que intento recordar. Lo leí en algún lado y me quedó. Fui a tomar mate a la casa de mi abuela.
Se fue Lolita, mi primera y única perra. Tremendo. La casa quedó rara. Plantamos un jacarandá el día con más viento del año.
Vinieron personajes de Milán. Me gusta cuando se mezclan los mundos. Creo que lo estoy logrando bastante.
Tengo una sensación de que cosas del pasado me están reencontrando. Como si estuviese empezando algo, alineándose. Algo estuviese dando la vuelta. Medio hilo rojo. No sé, teoría todavía desarrollándose. Fui al colegio después de demasiado tiempo. Me encontré a una de mis profesoras de deporte. Me preguntó: “¿cómo está tu corazón?”.
Qué decirte, Silvia. Qué decirte.
Entre tanto cambio, estoy esperando uno laboral. Ojalá las últimas horas de abril traigan noticias. Al vértigo, alas.
Y como no me canso de decir, ténganse paciencia. Los amo. xoxo, Jo

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