En la ciudad de la furia

Faltando pocos días para el fin de agosto, aparezco por acá. Combinación de factores; no frenaba hace mucho y me enferme. Quiero que aparezca en el costadito de mi blog “agosto 2024”. Retome Sex and the City. Y por último, estoy a 4 días de cumplir 25 años y estos no llegan solos. 

Les propongo, me propongo, rebobinar un poco. Encontré en mis notas algo que escribí mientras que asumía que mi vuelo a argentina se atrasaba siete horas. Me dio ternura y muchos errores de ortografía. Tenía mucho cansancio y no podía dormir. Quería decir algo, pero antes que mentir, prefería no decir nada. El del check-in me hizo una joda de porque no aprovechaba y me quedaba en Roma, me rei por educación y le dije “prefiero morirme”. Ahí terminó nuestro corto intercambio. Me compre m&ms y agua con gas. Leí mi libro y observé mucho a la gente. Me pase un poco, creo. Hasta que finalmente despegó ese avión. Salió a las 5 de la mañana, a las 6 nos dieron la cena, ni lo dude, ni conté la diferencia de horas; yo comí y puse Challengers. Zendaya para. 

Cuando me subí al avión ya no sentía tanto, estaba muy cansada pero sabía que no iba a poder pegar un ojo. El exceso de adrenalina era total. Me pregunte como era posible, porque venía de una semana de estar así. Inagotable e intensa, pero necesaria adrenalina. No compre melatonina, ni nada, sentía mi cuerpo muy sensible y reactivo a todo. No iba a dormir y ya lo tenía asumido, estaba ok con eso. Ensaye todos los escenarios de las sorpresas. Pensé en cada posible percance o malentendido. Imagine la cara de cada persona. Intente de acordarme el sabor de las empanadas. Me pregunte que pasaría si me cruzaba a ciertos personajes de temporadas anteriores. Pensé en el olor de mi perra y de mi casa. Por suerte había un chico lindo que se sentó en diagonal mio y me ofreció subirme el carryon. Normalmente yo le hubiese dicho que no, derrotada como estaba, le dije que sí, sin dudarlo un segundo. No era argentino, parecía aleman, rubio y muy bien vestido. Le agradezco porque a la hora ocho solo podía pensar porque él estaba en ese avión, yendo a mi país. Después de tanto vuelo al que me había subido, era raro pensar en el destino de este. 

Llegue a casa. En todo sentido. Lola se acordaba de mi olor y mi cuarto estaba intacto. Me dio un poco de impresión eso. Después de dejar en un sobre mis llaves, el pasaporte y los euros que me quedaron, cerré el cajón. Estaba en la programación habitual. Me fondee un mate. Me bañe, me cambie, me subí al auto después de un año. Arranque, como siempre; música al palo, velocidad al palo y para variar, sin nafta. Logré que me laven el auto antes de llegar, la parte de la nafta era pedir mucho. Sorprendí a mis amigas y el resto es historia. 

La primer semana aca fue alegría total. Sentí calorcito y amor por todos lados. Extrañaba las risas, la comida, las charlas eternas y a cada persona. Que mi portero me diga “muñe”, que la cadena del baño haga ruido, que el departamento tenga olor a rugby todos los martes y jueves. Las calles de Buenos Aires. El sabor del fernet. El frío no frío. La milanesa de soja. Poder hacer mis chistes malos. Que mi gente sea real.

La segunda semana, ya estaba un poco cansada, me molesto que mi algoritmo de tiktok que después de años de curaduría se fue a la mierda y me enoje teniendo clases de italiano y sentir que pensaba que sabía mas de lo que sé. Si, si, me seguí divirtiendo mucho y todo pero con una sensación un poco desorientada. Como si el hechizo se hubiese terminado. Como si todo estuviese igual, menos yo. Todo está cambiando y yo también. Sin ninguna connotación, simplemente distinto. Y si de percepción se trata, Italia había hecho lo suyo. 

Me puse a buscar trabajo acá en Argentina, fui a algunas de mis galerías preferidas. Mi panza hizo mucho ruido, pobre solo me quería avisar que le de un break para poder empezar a digerir algo. También, me dió cosa reincorporarme como si nada en mi vida. No fui a fútbol el sabado porque me daba impresión hacer exactamente la misma coreo. Fue mi acto de rebeldía. Me puse zapatillas verdes y tardé en entender porqué la gente me miraba tanto. Comí pasta, y me sentí bien. Escuché algunas canciones en italiano y me sentí bien. Me escribió un tano y me sentí bien. Empecé a sentir que todo tenía sentido, Milan dejaba de ser un sueño, una realidad paralela, un paréntesis sostenido en otra dimensión. Es difícil de explicar. Pero todo se incorporó y se hizo parte de lo mismo. Mi luna en tauro y mis procesos lentos aterrizaron. 

Estoy feliz de donde estoy y para qué estoy donde estoy. Estoy feliz de la Jose del año pasado que caída del vértigo se subió al avión. Estoy feliz de la gente que me rodea. De que me caguen a pedos. De que me conozcan. De que me pidan que hable. Estoy feliz de que en algún lugar mio fui a probarme que podía y que lo que yo creía posible lo era, y así fue. 

Lo que en algún momento me molesto, de llevar bolsos de aca para allá, hoy ya es costumbre. Los que fueron algunos de los lugares que supe ocupar, hoy no me entran; me quedan o grandes o chicos. Lo que en algún momento me angustió, de que cada uno esté en su proceso, hoy me tranquiliza. Y lo que alguna vez me hizo enojarme con un otro, hoy entendí que no deja de estar adentro mio también, si si, mi ego chocho. 

Hoy estoy en el lado más liviano de la cuestión y me está gustando el sabor. Hoy me desperté tapada y no de laburo, sino que de mocos y con eso les digo que hay vida en todo y es cuestión de permitirse verla. Estoy en ese flash. Espero que ustedes también estén en el suyo, que se tengan paciencia y que no se tomen la vida tan enserio como yo (o si, también tiene su encanto). Hagan lo que quieran. 

Me voy a sonarme la nariz y les dejo una frase que vi en una exposición ayer que viene al caso.  Xoxo, Jo

Una respuesta a “En la ciudad de la furia”

  1. Avatar de Barbara Gibbons
    Barbara Gibbons

    jope, hermoso me emocione…me hiciste reir… con nuestros años de diferencia me sentí identificada… me llevo no tomarme la vida tan en serio y por supuesto esa foto con la frase.

    Segui escribiendo mientras quieras y puedas, es maravilloso leerte.

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