Todas las paredes pasaron a ser blancas. Tu llave sigue colgada. Era nuestra forma de saber si la otra estaba en casa o no. Pero hoy ya no estás. Ayer fuimos a comer todos a una trattoria, risotto y tiramisu por favor. Y vino por supuesto. Ayer volvimos a nuestro primer barrio, nos tomamos una birra. Ayer me dijiste: ¿por qué mierda nos conocimos? Ayer me abrazaron los dos al mismo tiempo. Uno desde arriba y vos en el piso, agarradísima de mis piernas. Cine.
Las despedidas siguieron y fueron distintas, pero todas tuvieron algo en común: mucha calidez. Y la panza revuelta. Caro me dijo que me había estado esperando toda su vida. Que hay encuentros que llegan tarde, pero llegan. Con su papá venezolano, algo de Latinoamérica volvió a aparecer en su vida a través nuestro. Eso también fue Milán.
Entendí todo lo que Milán me dio y, en algún punto, todo lo que yo también le di. Le dejé las llaves al pibe que nos mostró el departamento por primera vez: Pasquale, alias el intern. Me dijo “suerte en Argentina, buena vida”, se subió a su moto y se fue. Siempre fue bastante boludo. Esta vez me pareció tierno.
Para traerme un tapado de piel, me compré una valija nueva. Sí, así como lo leen. Dominé las cuatro valijas como una reina. Realmente pude. Y ya. Sí, así como lo leen.
En el avión dormí todo el vuelo. Vi La habitación de al lado, de Almodóvar. Si hubiese intentado elegir una película mejor para ese momento, no lo habría logrado. “Bienvenida de vuelta” me dijo la de aduana. Un mimo al alma. Octavio me buscó en el aeropuerto, en traje de baño y Birkenstocks, diciéndome: “Bienvenida al mejor país del mundo. Te fuiste en el peor momento y volviste en el mejor”. Seguidos de varios comentarios de rugby y Milei. Me hizo reír. Fuimos a casa. Me arrastré por el pasto. Olí el aire. Lola me recibió con todo su amor. Me tire a dormir la siesta y me desperté con un abrazo de mama. Comí carne. Elixir. Y sigo comiendo carne, todos los días desde que llegue, no fueron muchos pero ya parecen una vida.
Vi a mis amigas, a mis amigos, a mi familia, a esas caras del barrio de siempre. Mi casa. Extrañaba las mesas grandes, las mesas ruidosas, los mil temas en simultáneo. Los abrazos, las anécdotas compartidas, las miradas intensas intentando entender que soy real. Las conversaciones reiteradas sobre el paso del tiempo. Que importante es el núcleo che.
Creo que en diciembre voy a escribir dos vlogs. Hay mucho pasando. Dos lugares, dos yo. Josefina y Giuseppina, conviviendo, mezclándose, encontrando una forma nueva de estar en el mundo. Todo unificándose. O adaptándose, más bien.
Estoy enamorada de la ciudad. Sí, ya sé, llegué en la mejor parte del año, pero déjenme estar en esa. Si todo es cuestión de perspectiva, déjenme esta. Estoy agradecida. Tranquila. Creo que hay momentos para todo y me estoy viendo a mí misma como una buena compañera de viaje.
Yo ya estoy en año nuevo, pero esas reflexiones me las guardo para fin de año.
Gracias por seguir leyéndome. Estoy en Argentina, pero el espíritu de Carrie Bradshaw está más presente que nunca. Estoy feliz de estar en casa. Un poco acelerada, también. Veremos que se viene en esta nueva temporada. Ténganse paciencia. Los amo, Jo

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