Después del atragante de uvas empezó mi año. Este año la coreografía fue española, pusimos la televisión y sonaron las campanadas. Por temas de logística había que decidir si ver la televisión o estar abajo de una mesa. Con Abril fuimos por la mesa. Nunca lo había hecho, ya se enteraran si da sus frutos. Sonaban las campanadas, mis risas y la cantidad de uvas en mi boca crecía. Fueron 12 segundos donde mi cuerpo sintió muchas cosas, hasta lloré. Todos los sonidos se esfumaron y se escuchaba algo parecido a cuando largas el aire abajo del agua. Glu glu. Pero a la inversa, porque podíamos hacer todo menos largar. Lloré porque mi risa tenía que escaparse de alguna forma. Me puse de espaldas a Abril para no explotar. Me sentía Bruce comiéndose la torta. Y se hicieron las doce. Llorada, atragantada pero feliz. Brindamos todas juntas y nos enteramos que entre toda la locura una de las chicas le había propuesto matrimonio a la otra. El mix de emociones solo crecía. Entre bocas abiertas, un anillo que se exhibía, aplausos y risas, empezamos el año. La mesa para este punto, ya estaba toda desprolija, manchada con vino, dejos de jamón iberico y cosas que se cayeron en el camino a los platos. El postre tuvo que esperar al bajón del otro día porque nos fuimos directo a sacar los hielos y a preguntar qué iba a tomar cada una. El fernet me ayudó a olvidarme de las uvas y de otras cosas también. Pusimos los Wachiturros y Sabrina Carpenter, bailamos. La previa se voló y encaramos para el boliche. Era en un teatro, muy bueno la verdad. Empecé mi año dandole un beso a un italiano, Andrea. Me fui, y me llamó tres veces; me voy mañana, así que es hoy o nada. Para este punto yo ya estaba en pijama, bajoneando y riendome de toda la noche.
Como estaba previsto, el primero de enero se trató simplemente de sobrevivir. De seguir respirando y dentro de todo intentar que nuestras cabezas no entren en esa pelea interminablemente insufrible de entender lo que fue, es y será.
Pestañee y estaba subiéndome a un avion de vuelta a milano. Había otros zombies como yo, que a pesar de ser dos de enero, se notaba que había un dejo de mucha resaca en sus miradas. Pestañee y estaba en milano, sentí un gusto agridulce. Estaba de vuelta en casa, una casa que dentro de poco dejaba de serlo. El café se secó, la heladera se vació, los cajones crecieron y las valijas se achicaron. Me fui de lo que fue mi casa en el último año. Me preguntan las razones de esto y mi respuesta cambia cada vez, la verdad de la milanesa es que simplemente lo sentí, la necesidad de cambiar, de buscar algo para esta nueva etapa.
Nueva etapa que hasta el momento solo está manifestándose en buscar departamento sin parar. Ni voy a escribir de eso porque suficiente todo lo que les escribo a los de las inmobiliarias. La cuestión es que hoy estoy en un airbnb y no veo la hora de estar en un departamento fijo, viviendo con Clari. Pero si, me fui de mi casa sin tener otra, convencida de que iba a aparecer. Seguimos poniendo onda, pero la realidad (y sus tiempos) se encargó de ponerme un poco los puntos.
[No sé qué se siente porque se siente todo y no se siente nada. Porque hay días que me subo a confiar y hay días que solo me cuestiono. Todo se me resbala de las manos, se escabulle, yo me escabullo. Me hago la que no entiendo nada, pero sigo porque creo entender algo. Me está costando diferenciar mis pajas mentales de la realidad. Creo que la consigna está siendo que me desarme toda. Que desarme todo. Así se siente. ¿Qué tenes que aprender en este momento Jose? Me pregunto todo el día. Si, en tercera persona.]
Para salir un poco de mi politraumatismo de alma, llegó mi viaje a barcelona con Lo, Lu y So. Mi banda de rock preferida. Estoy escribiendo esto en el avión y empiezo a sentir que mi lagrimal quiere ser usado. Quiere protagonizar este momento. Pero están todas las luces prendidas y estoy en el asiento del medio. No podemos controlar nada, pero esto te pido que si. Barcelona se siente como casa, mis amigas y la tortilla de papa también. Necesitaba esa perspectiva. Ese aire. Ese espacio que se sintió de otra dimensión.
Pestañee y estaba en milano, sigue un poco agridulce. Llueve, hace frío y sigo buscando departamento. La búsqueda de departamento devino en una búsqueda mucho más profunda. Porque si, siempre encuentro la forma de conectar todo con todo. Ya todo es un montón, y yo voy por más, entonces me peleo conmigo misma. Se me mueve el piso y las ideas. Se me mueven las palabras. Hasta se me mueve lo que alguna vez me movía. Fuimos al cine con Cali, escaneamos los tickets que yo había comprado para las dos pero eran para el día siguiente. Pedí un agua con gas, la sentí muy tensa y que tenía mucha presión, hice algunos intentos tímidos de abrirla y me rendí. Sentía que iba a explotar. Le digo a Cali – no puedo amiga, siento que va a explotar -. Ella la abre. Como si nada. Nos reímos. Así estoy.
Enero, fuiste despertar de un sueño. De esos que te resistís a salir. De esos que queres hundirte cada vez más en las sabanas y quedarte acurrucadita ahí. Enero viniste recargado con muchos síntomas de emigración y adultez. Viniste de la mano del Indio Solari, pero también me regalaste un album de Bad Bunny. Viniste muy frío y un poco peleador. Tirame un centro Jano. Este blog es largo y enquilombado como vos. Y como yo.
Los quiero y los abrazo desde la neblina milanesa. Ténganse paciencia, hagan preguntas y acuerdense que se trata de lo que queres hacer, pero también de lo que podes hacer. Xoxo, su jo de confianza.

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