Lunes a la noche, desde un avión.
Es la segunda vez que voy a Berlín, la vez pasada en mi avión de la vuelta solo pensaba en sobrevivir después de una noche intensa y pocas horas de sueño. Esta vez, llegué a la puerta del avión y me habían cancelado el vuelo. Toda una odisea fue, pero practiqué mis puteadas en italiano y me camuflé bastante bien entre los milaneses. Dormí en Berlín y ahora estoy camino a Viena para hacer escala y después entrar a Italia. Fue la única alternativa viable que encontré. El avión es chiquito y todos están muy callados. Una parte de mi quiere no llegar a la conexión porque me da mucha intriga Viena y mi otro yo, no puede esperar un segundo más para estar en milán. Después de haber pasado un mes de mi vuelta, creo empezar a tener una rutina.
Berlín tiene un no sé qué. Cada vez que estoy en esa ciudad me es inevitable reflexionar mucho. En estos días pensé y me reí. Reí y pensé. Bailé muchísimo también. Es un lugar que te obliga, creo que inevitablemente, a conectar. Te hace ver todo. No hace falta que hable de historia, pero esta se siente. Tiene un gusto muy agridulce, pero definitivamente muy real. “A Berlín la amas o la odias”, dicen todos. A mí me fascina.
El viaje tuvo de todo. Si de balance se trata, creo que se logró. Nos quedamos con Anji, compañera de laburo en la casa de Maddy; dos amigas del máster. Fueron días mágicos, estar con las chicas fue hermoso. Terminado el viaje entiendo lo que lo necesitaba, es muy sanador volver a las personas con las que compartí el último año. Cada vez entiendo más porque terminé haciendo el máster y porque conocí a las personas que conocí. Trabajamos, comimos rico, vimos arte y salimos. Eso todos los días.
Ahora que lo pienso, no sé si Berlín te muestra todo o yo estaba con ganas de verlo todo. KitKat, un sex club en el centro de Berlín, me lo mostró. Ahí estábamos tres niñas bailando en medio de arneses y culos desnudos. No sé hasta qué punto explayar las cosas acá, tengo miedo que me bajen este blog con tanto prestigio y seguidores (?) pero lo que sí puedo decir es que la persona que tenes sentada al lado en tu oficina puede tranquilamente ir a estos lugares todos los días de la semana. Y al final del día, algo de sentido tiene. Más que sentir lo sexual del lugar, que lo vi más como un show, me llevo la libertad que vi en cada persona. La sensación de sentir que ellos estaban en su lugar. Que necesitaban ese lugar. Con todo lo bueno y todo lo más border. Vivimos una noche en un Disney para adultos. Un portal a un mundillo alejado y cercano a todo. Dejas el celular en la puerta y dejas de saber que hora es. Te sacas muchas capas y el lugar es un laberinto, simbólica y literalmente.
Una mujer me dijo que estaba enamorada de mi alma, otro con voz de willy wonka me dijo que era la chica del viento porque no soltaba el abanico del calor que hacía, un chico estaba vestido igual que yo y no paraba de recordármelo, una pareja me preguntó si me quería unir a ellos, y así mil cosas. Yo me reía de todo. Al principio fue fuerte, me encontré con que soy mas paki de lo que pensaba. Supe hacerme la canchera y la cool con todo lo que pasaba a mi alrededor, busqué miradas cómplices y en un punto de la noche, ya ni me importaba. Le decía a la gente que me gustaba su look y seguía. Es espectacular como te entregas al circo. No se si llegue a sentirme parte, pero si lo disfruté y lo respeté.
Domingo a la noche, desde un tren.
Si de balance se trata, ahora estoy volviendo de las montañas y de las tierras de Heidi. Me escapé de la lluvia milanese a visitar a mi amiga personal; Pili, que está haciendo un máster en un pueblo mínimo en el medio de las montañas. Un finde de película. Hicimos trekking, tomamos vino local y me mostró su vida. Nos reíamos pensando cómo cada cosa nos llevó a encontrarnos las dos viviendo algo muy parecido a miles de kilómetros de donde crecimos.
Estoy en el tren, y si hay algo que me gusta de saber italiano es que si me aburro, escuchar las conversaciones de mi alrededor pasó a ser un plan. Tengo el pelo grasoso, hambre y sueño. Me relajó mucho la naturaleza. Siento que puso las cosas en su lugar.
Algunos saben, otros menos, pero en un mes y monedas se me terminan mis contratos; trabajo y casa. ¿Termina un ciclo, un contrato? ¿Ambos? ¿Uno, lleva a repensar al otro? Puede ser. ¿El contrato fuerza al ciclo a terminarse? No sé, no lo tengo claro. Me avisaron que la Jose de la próxima temporada anda bien, así que confiamos en eso. En el mientras tanto, vamos viendo qué pasa. Si alguien tiene sugerencias, más que bienvenidas. Mi criterio está un poco perdido.
Miércoles a la noche, desde la tierra.
Este blog no se puede sostener solo con palabras en movimiento. Yo no me puedo sostener siempre en movimiento, me cansa. No todo es vida de rockstar. Porque si de balance se trata, hoy siendo las diez de la noche me quede en casa, se me cierran los ojos, me duelen los ovarios y ya puse el despertador para mañana temprano que tengo mucho trabajo que hacer. El lunes fui al cine y la banda del fondo lloro mucho, todas moqueando estabamos, vimos; Parthenope. Quiero y necesito que todas las mujeres de mi vida la vean. Me dejo pelotuda. Hace mucho no veia algo tan bueno.
Hoy me auto invite a un grupo que se llama Gestionar a Jose. Que mágico es cuando te haces una auto-intervención. Me propuse retomar con mis libros y ordenarme con las comidas. Limpie mi departamento y ordene todos mis pendientes en una lista, y esas cosas que las princesas no hacen. Hoy fue el primer día, y como va a quedar escrito aca, lo voy a sostener. Espero no estar mintiendo, ni a ustedes, ni a mi.
Uso mucho el hablar de mi en tercera persona y mi psicóloga siempre hace una mini risita. Ya no se que pensar al respecto, pero a mi me sirve. Encuentren las cosas que les sirvan y les hagan bien. Ténganse paciencia, xoxo Jo.

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