Este blog se convirtió en un lugar seguro para mí, pero no así 100% sincero. Tengo la impresión de que a pesar de que existe mucho morbo por lo más pesado de la vida nadie quiere escucharlo, o yo no quiero escucharlo. Pero hoy, devuelta en Milan, después de viajar muchísimo y estar más de un mes en Argentina, el humor está compliqueti. Está cuestionador y mi cabeza, avasallante. Punzante como ella sola.
Desde que tengo memoria, las crisis existenciales cada tanto se meten en mi casa, desordenan un poco todo, lo sacuden, manchan y hasta lastiman. Son interesantes, una combinación perfecta entre un adolescente rebelde y un viejo sabio filosofo snob que vive en Bariloche. Estas potencias atacan con signos de pregunta y dejan muchas dudas al pasar. Pero, a medida que crezco o que tomo conciencia, o me mudo de país, las batallas se ponen cada vez más difíciles. Las preguntas engordan y entran hasta por las entradas de la calefacción. Aca estamos, una vez más, haciendole frente.
Hoy, después de un año, con un master encima y un cambio de perspectiva enorme sigo en Milán. Elijo estar acá. El sabor nunca no fue agridulce, pero hoy es diferente. Hoy es incomodo. Es incómodo porque las cartas son otras, y lo que un día aprendí, lo tengo que reaprender. La coreo que cree en el último año, ya quedó vieja. Es la segunda vez que lo tengo que hacer, pero está vez me falta la calidez de la institución.
Estoy incómoda porque volví a lo que fue mi casa el último tiempo pero se siente que todo se destruyó. Me siento una nena a la que tengo que cuidar, a la que tengo que abrazar, a la que le tengo que decir «vos podes». Me siento como cuando volvías a la orilla del mar, esperando ver el castillo que habías construido el día anterior y este no estaba porque se lo habían llevado las olas. Pero tambien me siento como una nena, al pensar que me olvidaba rápido de aquel castillo y podía empezar uno nuevo, distinto, por ahí más divertido y genuino, porque ya había demostrado que podía construir uno enorme y perfecto.
Es incomodo porque mi vuelta a Argentina en algún sentido se sintió como cuando en las películas los soldados vuelven de la guerra. Todo el mundo los aplaude, les dice que son muy fuertes y valientes. Entonces ahora que volví y que elijo volver a Europa, sentirme tan en la mierda como me siento, no es buen marketing para toda esta trama. Pero por suerte, no vivimos en las películas, y estos momentos están habilitados. Nadie te los muestra mucho porque hay problemas más graves en el mundo. O a mi me cuesta permitirmelos porque yo misma me metí en esta. Resulta insoportable sentirse tan fragmentado y solo, como resultado de una decisión propia. Pero al mismo tiempo, más insoportable resulta la idea de no haber hecho todo esto. El que no arriesga no gana, dicen, pero nadie lee la letra chica de todo lo que pasa en el medio.
Mamá me dijo mientras me escuchaba llorar yendo al aeropuerto «Porque no te quedas aca? si tan bien la pasas…» Entiendo de donde vino y hubiese pensado que era y es lo único que quería/quiero escuchar, pero como todo en está vida, ojalá el tema fuese cuestión de sacar un pasaje más. Hoy me toca pasar por esta. Y estoy convencida de que todo va a estar bien, todo está bien, no quiero que nadie más me lo diga, porque ya lo sé.
Todo está bien porque volví a mi país y solo sentí amor. Sentí que mis amigas frenaron el mundo para verme y sacarme a pasear. Sentí que mi casa me extrañaba. Me rei con mis hermanos y me volví a sentir hija. Entendí que en Argentina hay un lugar para mí, para esta versión mía que me hace bien y que es más genuina. Me di cuenta que todo es cuestión de perspectiva y el haber salido un poco me aclaro muchísimas cosas. Me sentí feliz y liviana. Me incomode también. Pero me anime a probar cosas nuevas y a sentirme una turista en mi ciudad y se sintió muy bien. Conecte mucho con mis amigas y familia, es difícil de explicar, pero siento que tengo el corazón enchufado de vuelta. Por eso y mil cosas más, me siento así hoy. Es difícil mantenerse fuerte sabiendo que del otro lado del charco tenes todo eso y más. Creo que la fuerza, al final, la estoy encontrando en pensar que esto es para mi y por mi y la infinidad de posibilidades y matices que hay allá afuera.
Podría contar todo lo lindo que me estuvo pasando estos días pero sería un poco minimizar lo que me está pasando en el core. Que ahora leyendo todo, suficiente racionalizado lo termine plasmando. Vamos de a poco. Me siento desnuda. Bienvenides al palier de mi cabeza.
Siguiendo el propósito de recontar un poco mi viaje, aka la vida, hoy brindo por lo que es y por lo que será. Ténganse paciencia y aguante estar vivos. Escuchen Please Please Please de Sabrina Carpenter y Todo sigue igual de Viejas Locas. Los amo, xoxo su milanesa con fritas preferida.

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