No entiendo como una chica como vos iría a Ibiza, me dice el policía en la aduana. Después, que me saque las botas que iban a sonar. En el avión me toco al lado de tres tipos que no paraban de tomar; la azafata cada vez que les traía algo les decía; ojo que en el aire pega más. Todo pega más en el aire, estoy de acuerdo. En un avión vivís una vida dentro de la vida. Es ese parentesis entre dónde venís y hacia donde vas. Es lo que vivís mientras estás desconectado de todo y arriba de todo. En fin, yo había terminado el master hace días y estaba yendo a reencontrarme con can y solce después de casi un año. Cerré la computadora después de haber entregado mis últimos dos trabajos, agarre el carryon, tire la basura, me puse desodorante como cinco veces y salí.
En fin, cada una se subió a un avión y después de casi un año nos reencontramos. Un año que pasó a parecer un sueño en el momento que me encontré en sus ojos. En los ojos de mis amigas. Si me puse nerviosa? No. Mentira, temblé un poco y mi respiración cambió. El cuerpo tiene siempre más noción que la cabeza. La cabeza puede llegar a amigarse con el no sé pero el cuerpo siempre sabe. Baje del avión de borrachos y ahí estaban las chicas. Entre que teníamos que salir corriendo porque nos tocaban bocina, porque llegábamos tarde a una fiesta y estábamos mal estacionadas yo solo sentí paz. Alivio. Un mimo me recorrió el cuerpo. Tardamos menos de un minuto en empezar a reírnos y repetir ilimitadas veces que carajo. Estábamos las tres juntas en Ibiza después de un año. Es un montón, si. Quizás esto pueda sonar frío, pero sentí que nada había pasado. Que las venía viendo. Que nada había cambiado. O sí, pero nos seguíamos encontrando. Una ponía música, la otra el mapa y la otra manejaba. Que lujo.
La pasamos increíble. El viaje tuvo la combinación perfecta de fiesta, buena comida y naturaleza. La fiesta fue en Ibiza, que para mi sorpresa, me encantó. Solo puedo quejarme del precio de los tragos y de que todos los djs empezaron sus sets con “Move” de keinemusik. No la puedo escuchar más. La buena comida llegó en Grecia. Todo fresco y muy sabroso. El Tzatsiki se volvió un infaltable. Viajar con finance girls de repente tambien significa desarrollar índices de precios para elegir donde comer, este viaje fue el índice greek salad. Y bueno, la naturaleza se pasó. Fuimos a calas impresionantes, muchas veces solas. Caminos y atardeceres. Gatitos por todos lados y para coronar mucho pero mucho mar. Dicen que el agua salada es la curita de los problemas emocionales. Transpirar, llorar y meterse al mar. Doy fe de que es así. Y en el medio de todo eso, la amistad.
Para hablar de la amistad se viene el libro. Osea, ni Sex and the City con sus mil temporadas llegó a ni siquiera empezar a explicar de qué se trata. Es ese cable a tierra, ese eje, esa seguridad y calidez, que hoy cada vez se complica más en encontrar. Es que un mismo chiste sea gracioso después de haberlo repetido mil veces. Es compartir platitos y probar distintas cosas. Es esa mesa toda desarreglada y manchada después de una buena charla. Es esa sensación de cuando te pega el viento en la cara un día caluroso. Es el alivio que te genera encontrar unos ojos conocidos en el otro lado de la habitación. Todo eso y mucho más. No se loco, amo a mis amigas.
Hoy, mis amigas ya siguieron viaje y yo estoy de vuelta en Milán. Empecé a trabajar. Me puse como objetivo dejar de decir que no entiendo nada. Porque en definitiva, no hay nada para entender. Los quiero, feliz día de la independencia, feliz cumpleaños a Conragol y a Mercedes Sosa. Dios, patria y familia siempre. Xoxo, J.

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